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“Las mujeres físicamente activas experimentan de manera consciente modificaciones perceptibles en su conducta alimentaria, su relación emocional con la comida y su rendimiento físico a lo largo del ciclo menstrual. Dichos cambios se corresponden con los mecanismos fisiológicos y neuroendocrinos descritos en la bibliografía, confirmando la posible influencia de las fluctuaciones hormonales sobre la disponibilidad energética, la regulación emocional y la percepción del esfuerzo.

Considero que esta investigación permitió identificar que el ciclo menstrual no es un proceso lineal ni uniforme, sino que supone variaciones fisiológicas, emocionales y conductuales que influyen de manera concreta en la alimentación, la percepción corporal y el rendimiento físico en mujeres físicamente activas, que puede ser diferente en cada una de ellas. Se pudo observar que, especialmente en la fase premenstrual y menstrual, muchas mujeres experimentan un aumento del apetito, preferencia por alimentos de alta palatabilidad y sensaciones de fatiga o menor energía al realizar ejercicio. Estas experiencias aparecen como parte de un patrón cíclico que cada mujer atraviesa con ritmos e intensidades propias.

Se ha podido observar que las mujeres no solo reconocen cambios corporales, sino que también establecen una relación emocional con dichos cambios, ya que muchas recurren a la comida para regular malestares emocionales. Esto muestra que la conducta alimentaria no responde únicamente al hambre fisiológica, sino también a necesidades afectivas asociadas a la experiencia de cada fase del ciclo. Del mismo modo, la percepción de disminución del rendimiento físico durante la menstruación y los días previos se presenta como una vivencia frecuente, capaz de influir en la planificación y adherencia al entrenamiento.

Es importante destacar que estas manifestaciones no se expresan de igual manera en todas las mujeres. Algunas refieren cambios marcados y otras apenas los perciben. Esta variabilidad confirma que el acompañamiento nutricional debe ser siempre individualizado, evitando generalizaciones.

Desde esta perspectiva, el rol del profesional en nutrición adquiere una dimensión que trasciende la indicación dietoterápica o estructuras de menú. Implica fundamentalmente acompañar y brindar información a las mujeres consultantes para identificar sus patrones personales, reconocer señales corporales, registrar sus fluctuaciones y anticiparse a los momentos de mayor vulnerabilidad o demanda energética. Esto favorece una toma de decisiones más consciente y evita respuestas alimentarias impulsivas o restrictivas, que suelen afectar negativamente el bienestar emocional y la relación con la alimentación.

Asimismo, poner el ciclo menstrual en el centro del abordaje promueve una mirada de validación y respeto hacia el cuerpo femenino y una comprensión más profunda de su fisiología. De esta manera, se habilita un espacio en el que el cuerpo deja de ser entendido como algo que debe sostener siempre la misma productividad y rendimiento, y pasa a ser reconocido como un organismo dinámico que merece acompañamiento y escucha.

Podría concluirse finalmente que considerar el ciclo menstrual como una variable fisiológica que influye en la alimentación, la percepción corporal y el rendimiento físico implica que el abordaje nutricional no puede sostenerse únicamente en prescripciones estandarizadas. El rol del nutricionista debe incluir acompañar a la mujer en el reconocimiento de sus fluctuaciones personales, promoviendo el registro sistemático de síntomas, apetito, energía y tolerancia al entrenamiento a lo largo del ciclo.

Esto permite anticipar fases de mayor vulnerabilidad, ajustar la distribución de macronutrientes, reforzar la ingesta de micronutrientes clave y diseñar estrategias para el manejo del hambre emocional sin recurrir a restricciones. Desde esta perspectiva, la intervención nutricional se centra tanto en la educación y la autonomía como en la personalización del plan alimentario, favoreciendo el bienestar integral desde un abordaje holístico y la continuidad sostenible de los hábitos saludables”.


Extracto del trabajo final de grado de la Licenciatura en Nutrición: Boccazzi D. Interacción entre las fluctuaciones hormonales del ciclo menstrual y los patrones dieteticos y de entrenamiento en mujeres físicamente activas. Universidad ISALUD, Buenos Aires; 2025.

Ver texto completo: http://rid.isalud.edu.ar/handle/1/3056