“A través del estudio propuesto se pudo evidenciar la relación que existe entre el estado de ánimo y la conducta alimentaria en adultos mayores residentes de una institución geriátrica.
Los resultados que se obtuvieron permitieron demostrar que la mayoría de los residentes presenta algún grado de riesgo nutricional y síntomas de depresión leve o alta. (…)
Los adultos mayores que contaban con un compromiso emocional elevado manifiestan un estado nutricional más comprometido, mientras que aquellos con un funcionamiento cognitivo adecuado, movilidad conservada y una mayor interacción social evidenciaron mejores estados nutricionales.
La depresión puede generar pérdida de apetito y desinterés por la comida, mientras que la desnutrición, a su vez, puede agravar el estado anímico, recreando un círculo bidireccional entre emoción y nutrición.
Es de vital importancia la promoción de actividades que favorezcan la interacción social, la estimulación cognitiva y el acompañamiento afectivo, ya que podría contribuir a mejorar tanto el estado anímico como el apetito y, en consecuencia, el estado nutricional. (…)
Por otro lado, se logró identificar que el tiempo de institucionalización del adulto mayor no constituye un factor que determine el estado nutricional y anímico, lo que aumenta la importancia de otros aspectos, como el acompañamiento emocional, los vínculos sociales y el entorno afectivo dentro de la residencia geriátrica.
Cabe resaltar la necesidad de un abordaje integral e interdisciplinario en las instituciones geriátricas, que considere tanto los aspectos nutricionales como la salud mental y emocional”.
Entre otras cuestiones, se sugiere “realizar planes alimentarios personalizados que no solo contemplen los requerimientos energéticos y proteicos, sino que también tengan en cuenta las preferencias individuales, las texturas adecuadas y aceptadas, y respetar los horarios del residente para poder conservar así el ritmo habitual en su día a día antes de ingresar a la residencia.
Es importante poder generar ambientes agradables de alimentación que estimulen al adulto mayor a compartir el espacio y la socialización entre ellos.
Por otro lado, se deberá educar al personal de la residencia geriátrica para que pueda detectar a tiempo la disminución de apetito o de ánimo, y así tomar las medidas necesarias”.
También “se recomienda incorporar actividades culinarias recreativas para poder promover y fortalecer el vínculo con la alimentación”.
Extracto del trabajo final de grado de la Licenciatura en Nutrición: Cardacci MS. Relación entre el estado emocional y la conducta alimentaria en adultos mayores institucionalizados en la residencia geriátrica San Nicolás, Ramos Mejía. Universidad ISALUD, Buenos Aires; 2025.
Ver texto completo: http://rid.isalud.edu.ar/handle/1/3052
