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“La alta exposición a redes sociales de formato visual, con predominio de consumo pasivo y contacto frecuente con contenidos sobre apariencia, fitness, influencers y retos, se asocia a evaluaciones corporales ambivalentes en la cohorte analizada. En conjunto, los hallazgos describen un entorno de uso intensivo —con mayor concentración de tiempo diario en redes— y una preferencia clara por plataformas de consumo rápido, lo que refuerza dinámicas de visibilidad y comparación que inciden en la autopercepción del cuerpo.

La caracterización del grupo y la organización de los resultados permiten interpretar con precisión ese planteo, es decir, la centralidad de TikTok en la última semana, la prevalencia de participación pasiva y la exposición mayoritaria a contenidos corporales configuran un escenario de evaluación social permanente que opera aun cuando no se publique activamente. Este marco es consistente con la noción del cuerpo como hecho social y con procesos adolescentes de búsqueda de reconocimiento; en ese sentido, la lectura articulada de las figuras respalda que la visibilidad del cuerpo es un eje de regulación del valor personal y de pertenencia entre pares.

En los indicadores de autoimagen, la muestra da cuenta de la conformidad intermedia con la apariencia, comparación frecuente con imágenes de redes y relevancia otorgada al peso con distribución no homogénea. Esta combinación señala que la influencia de las redes no es uniforme, si bien coexisten estudiantes que refieren no sentir presión con otros que manifiestan disconformidad recurrente, lo que sugiere distintos modos de tramitar los cánones estéticos y las métricas de aprobación digital. La heterogeneidad encontrada habilita márgenes de elaboración subjetiva, pero también necesita detección temprana de señales sutiles (p. ej., evitación de fotos, rumiación comparativa, preocupación por el peso).

En términos aplicados, los resultados aportan hacia las intervenciones preventivas en el ámbito escolar que vayan más allá de recomendaciones conductuales. Se propone: (a) alfabetización mediática crítica orientada a comprender algoritmos, lógicas de visibilidad y sesgos de contenido; (b) promoción de diversidad corporal y de criterios internos de valoración no dependientes de métricas sociales; y (c) espacios de conversación estructurados para quienes ya presentan malestar, articulando orientación con familias y referentes institucionales. Esta línea de acción es coherente con el modo en que se organizó la medición (uso, tipos de contenido y autoimagen) y con el patrón empírico observado en las gráficas.

Los datos sitúan a la cohorte en un régimen de alta visibilidad digital que incrementa la probabilidad de insatisfacción y conductas de control cuando el consumo se orienta a contenidos estéticos y comparativos, sin que ello excluya trayectorias de resignificación y resistencia. La escuela dispone de margen para modular estas dinámicas mediante dispositivos pedagógicos y de cuidado que fortalezcan la autonomía valorativa, la lectura crítica de contenidos y la construcción de vínculos saludables con el propio cuerpo, preservando la diversidad y el bienestar subjetivo del estudiantado.

A su vez, para intervenir desde la nutrición en el ámbito escolar estudiado en este trabajo, se propone implementar un programa de alfabetización mediática alimentaria, orientado a desarrollar lectura crítica y reflexiva de mensajes sobre comida y cuerpo, junto con habilidades prácticas de autocuidado. Este programa requiere una estrategia organizada en clases breves y periódicas que trabajen con publicaciones reales de redes sociales, examinen cómo se construyen los mensajes, qué intereses promueven y qué señales de riesgo presentan, y traduzcan ese análisis en decisiones cotidianas, tales como planificar colaciones adecuadas para la cursada, reconocer señales internas de hambre y saciedad y evitar prescripciones restrictivas. Esto requiere modificar y desplazar el centro de la conversación en el peso hacia conductas concretas y sostenibles, promoviendo criterios internos para evaluar recomendaciones dietéticas y resguardar la diversidad corporal sin reforzar lógicas de control. Es necesario que se encuentre integrado a tutorías y equipos de orientación, a fin de brindar una vía factible para atenuar el impacto de la comparación social digital sobre la autoimagen y mejorar la relación de los adolescentes con la alimentación en la vida escolar”.


Extracto del trabajo final de grado de la Licenciatura en Nutrición: Accorinti JB. Relación entre el uso de las redes sociales, la percepción de la imagen corporal y el riesgo de desarrollar trastornos de la conducta alimentaria en adolescentes escolarizados de San Justo, La Matanza. Universidad ISALUD, Buenos Aires; 2025.

Ver texto completo: http://rid.isalud.edu.ar/handle/1/3055