“Si bien la cobertura universal es realmente efectiva, su alcance es restringido. Brinda protección contra los riesgos financieros para toda la población, pero de manera sumamente desigual. (…)
La segmentación y mala distribución de los recursos físicos y humanos a lo largo del país da lugar a fuertes disparidades a nivel territorial, con establecimientos vacíos o sin equipamiento o médicos especialistas en algunas localidades y establecimientos superpoblados en otros lugares, lo que denota la ineficiencia y nula planificación en la distribución de los mismos. (…)
El calificativo de ‘sistema’” para referir al sistema de salud “aparece como algo abusivo para denominar a la acumulación desordenada de políticas públicas y decisiones privadas débilmente reguladas. En segundo lugar, con un gasto total que resulta elevado en la comparación internacional (en especial con países de la región) la cobertura en riesgos de la salud, si bien es universal, resulta sumamente despareja entre los diferentes grupos de la población. Esto deriva en una gran e injustificada disparidad en los derechos a la salud de la población. (…) Más allá de algunos intentos de políticas que apuntaron a mejorar la equidad y distribución de recursos en el sistema de salud argentino, hoy prevalece una organización fuertemente segmentada, donde se distinguen tres grandes subsistemas: público, seguridad social y privado. Su falta de coordinación y articulación atenta contra el uso eficiente de recursos y el logro de niveles aceptables de equidad. No sólo se nota la falta de integración entre los distintos subsectores, sino que hacia el interior de cada uno de ellos también se observa un elevado grado de fragmentación”.
Oscar Cetrángolo y Ariela Goldschmit: “Un sistema de salud fuertemente fragmentado e ineficiente”. Revista ISALUD, 97, noviembre 2025.
Ver artículo completo: http://rid.isalud.edu.ar/handle/1/3002
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